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viernes, 25 de mayo de 2012

Respiraciones en el río

23:06 del jueves. Sales de casa, algo indigesto tras una cena de remiendos y una tarde inactiva. El ruido de los vecinos se empieza a hacer notar. Necesitas aire y, al salir, una sorpresa reveladora a estas alturas del año. El aire...el viento...ya no es el mismo. Es verano. Ya ha comenzado la época estival. Para mí se inicia en ese momento en el que sales a la calle con una camiseta ligera de manga larga y te encuentras realmente cómodo. La humedad reinante del río ayuda. El verano ha llegado a Madrid.

Pasas por aquellas terrazas de los barrios antiguos, cercanos a estaciones de tren remodeladas (más bien, reseteadas) en centros comerciales. Allí siempre se respira lo mismo. Humo. Durante el día, el dióxido de nitrógeno de los coches que se agolpan para subir precipitadamente a la Plaza de España o girar hacia Puerta del Ángel, donde la mayoría se desviarán hacia la vena más hermética de Madrid, la M-30. Durante el ciclo nocturno, el humo procede de las terrazas. Agobios desatados, declaraciones intensas, alcoholismos inevitables...todo se junta en una atmósfera que nos recuerda  a algunos lo mucho que odiamos el tabaco y a otros lo mucho que lo necesitan. Cada uno mejora o empeora su vida como quiera y según se mire se entenderán diferentes suposiciones. 

Tras las terrazas y la plaza con la puerta más fea de Madrid, al menos vista por sus cuartos traseros, enfilas la rampa que te lleva al río. Para los que venís mañana a ver la final, os explico. El río es ese espacio artificial cubierto de agua (decir "lleno" sería tan generoso como incierto) que ocupa aproximadamente una octava parte de la anchura total del paseo. Pinos, cemento, bancos, cemento, sendas "ciclables" (palabra que seguramente tenga algún tipo de connotación sexual que no acierto a aclarar en este momento), cemento...cuidado, que a mí la zona me gusta, vivo allí y uso el bulevar como cualquier viandante. Pero la física es la física y las proporciones no se alejan mucho de esto. Qué le vamos a hacer, el clima de nuestra ciudad y la faraonización de nuestros alcaldes no permiten  un escenario diferente. Aquí huele como el suelo. Gris...

Llegas al puente de Virgen del Puerto y lo cruzas, para luego girar a la derecha y volver dirección Noroeste por la orilla contraria del río. Es decir, vuelvo a casa. Y aquí sí. Ahora atravieso la carpa del Athletic Club de Bilbao, que no es una parte de su traje de supervascos, sino el recinto que se ha preparado para recibir a los miles de aficionados que vienen mañana a ver la final de Copa. Básicamente, es como una caseta de feria pero de tamaño imperial. Como en toda buena fiesta, la caseta de la Muerte (símil a Star Wars, de nada) va acompañada por pequeñas casetas, que mañana serán los Iturraspe de la zona, trabajo sucio puro, los que librarán la verdadera guerra abasteciendo de bebida y comida a los hinchas mientras los aficionados pijitos, los burgueses de toda fiesta, los que son demasiado limpios para restregarse contra una barra metálica...esos, se concentrarán frente a la pantalla de la megacarpa. Perdón por el trauma de tanta fiesta municipal.

Con un cuadro así a un lado y una alineación de estéticas y fabulosas letrinas al otro (ya sabéis, ese azul cielo que tanto debe tranquilizar y relajar cuando a uno le va a explotar el esfínter uretral), es difícil pensar en un olor agradable a la par que enriquecedor. Los carteles con los precios de los bocadillos y las diferentes acepciones para un mismo objeto (un vaso) me evocan otras actitudes cañís que todos hemos guardado en nuestro cromosoma español. Pero pocos metros más tarde, termina la zona del pecado y puedes ver la tienda oficial del Athletic. Muniaín, Javi Martínez y Llorente posan con sus camisetas sobre un fondo nocturno e iluminados por el reflejo de las gotas de lluvia en sus rostros. Puff...soy madridista y ya me ha impuesto, aquí viene uno de Bilbao y tendrá ganas de cometer un acto impuro con, sobre, bajo y tras esos posters. Mañana me pasaré sin falta.

El caso es que, llegados a este punto, encuentras lo que has salido a buscar. Faltan 22 horas para la final de Copa y ya se respira fútbol. Huele a verde, a balón. Esto es Madrid, este es el verano y mañana se disputa la final de Copa del Rey.  Tiene muy buena pinta. Va a ser frenética, ajedrecística, espectacular, incluso ciclable. Aquí la veré, en el río.





jueves, 19 de abril de 2012

¿Qué es la justicia en el fútbol?


El radicalismo de ideas nos lleva en muchas ocasiones a juzgar lo que vemos bajo el punto de vista del forofo más reacio o del convencimiento de la bondad o legitimidad. Estos dos conceptos resultan incompatibles con un juego que marca sus límites de un modo muy nítido, bajo el objetivo de traspasar determinadas líneas (literalmente, la de gol) en el marco de unas reglas concretas.



El dogma de este escrito es el siguiente: juzgar y repartir justicia en un partido de fútbol resulta moralmente complejo y fácilmente atribuible a la causa individual. Hablaba del bien. ¿Qué es jugar bien? Entiendo que construir, como lo entendemos en otras disciplinas vitales. Tener el balón y gozar del control. En mi opinión, la definición "jugar bien" debe ampliarse a otros conceptos. En un juego en el que gana quien más goles mete, la injusticia no puede existir, por definición. Resulta tan simple como que la pelota entre.

Y para eso hay muchas maneras. No todas son tan constructivas como la que suele proponer el Barcelona, ni tan directas como la que se le atribuye comúnmente al Real Madrid. Como en la vida, hay muchas formas de actuar. La diferencia es que la vida es un camino en el que el resultado no viene marcado por un final. En un partido de fútbol, los profesionales que intervienen buscan la victoria de un modo constante y categórico. La belleza para un futbolista es el gol. La legitimidad viene limitada por un reglamento.

Entiendo que el aficionado medio pueda buscar otras motivaciones en el fútbol. Y además, debemos agradecerlo. Hay que congratularse por la insatisfacción del español por este deporte sin el valor añadido del espectáculo. Pero eso no exculpa la intolerancia asociada al modo de plantear un partido. Focalizándolo en el Chelsea-Barça de ayer, ¿qué es racanería? ¿No intentar atacar? ¿No es el del Chelsea un mayor riesgo para su futuro, ya que apenas buscó la portería blaugrana? ¿No atacó mejor el equipo de Di Matteo, que con muchas menos llegadas metió más goles? ¿Por qué en UK se habla de partido tácticamente perfecto y en España se habla de racanería?



Entramos en un terreno donde se valoran las formas de llegar al área y las apuestas de cada equipo. Unas más loables que otras en función de lo que entendamos por belleza futbolística, que en mi opinión es una definición entendida de un modo muy homogéneo por la mayoría de aficionados. ¿Lo que hizo ayer el Chelsea es bonito? Obviamente, NO. No se crean que en Londres la respuesta sería otra. La afición, la plantilla y el cuerpo técnico sabían perfectamente que esa era la forma de ganar al Barça. Seguramente, la única. Y eso, para el Chelsea, es jugar al fútbol. Es lícito y entra dentro del reglamento, por cierto interpretado de un modo admirable por la mayoría de sus jugadores. Jamás vi a un jugador de la Liga BBVA reconocer a un árbitro que su caída no había sido precedida de falta.

¿La propuesta es tacaña? Si el Chelsea hubiera jugado contra mi equipo del barrio, hubiera sido otra. La frase hecha (odiosa) "que me ganen jugando al fútbol" está construida desde la actitud del que se sabe superior en una determinada faceta. Es de tramposos limitar el fútbol a una propuesta. Métanse con el Manchester City cuando no enlaza dos pases seguidos ante el Bolton. O con una selección brasileña que tira dos veces a puerta contra Perú. Eso puede ser racanería. O falta de trabajo, acomodación al talento, carencia de ambición, etc. Un Chelsea en horas bajas y con lesiones importantes ante el mejor equipo de la historia, con más variantes ofensivas y mejor trabajo de recuperación. ¿Cómo plantearlo? Si el partido acaba 1-0 para los ingleses, es un buen planteamiento. Indiscutible. Los que quieren "jugar al fútbol", quieren imponer un escenario de tendencias favorable a sus colores. Cada uno va a la guerra con sus armas y no por ello deja de ser una guerra.

Entiendo que cuando un equipo llega veinticuatro veces al área suele marcar gol. Más de uno y más de dos. Si no lo consigue, será por una combinación de malas decisiones y mala puntería. Es decir, acierto defensivo y desacierto ofensivo. ¿Justicia? Un tiro al poste es un "casi"; no es gol. Un aficionado del Chelsea dirá que la injusticia sería que un balón que no va dentro de los tres palos se considere gol, porque no lo es. Un lanzamiento al poste es un fallo, nos guste o no. Muy cercano al acierto, pero insuficiente. Y pongo la mano en el fuego a que el propio Guardiola es consciente del dato y ajustará las tuercas para que no se vuelva a producir. Si nos dicen antes del partido que el Chelsea ha estado trabajando durante semanas el repliegue defensivo que mostró ayer y el Barça, en ese mismo período, no ha ejercitado el disparo a puerta, ¿consideraríamos justo el resultado?



Una de las situaciones mas elogiables de un club es aquella en la que demuestra una idiosincrasia y forma de entender el fútbol que va más allá de modas, entrenadores y rivalidades. Y en eso, clubes como el Barça son un ejemplo superlativo. Con esa fuerza y convencimiento se puede viajar al fin del mundo futbolístico y conquistar trofeos y corazones de aficionados. Ahora bien, parte de esa identidad está formada por el respeto y la comprensión de los códigos internos del deporte. Aquellos que dicen que en el fútbol, como en la vida, hay ricos, pobres, clases sociales con distinto reparto de recursos y objetivos totalmente diferentes. Deberíamos mostrarnos totalmente tolerantes con la cantidad de personalidades que se encuentran en los campos. De hecho, si todos fuéramos iguales, anduviéramos del mismo modo y pensáramos lo mismo, no existiría el concepto "personalidad" como tal y ya no habría nada que elogiar a aquellos que en determinados momentos pretenden imponerse.

Hablar de justicia sobre un césped es sesgar y limitar el debate a unos factores de juego (menos discutibles que otros que alteran lo que se ve sobre el césped). Y extrapolar un entendimiento concreto del juego como verdad absoluta es un error clamoroso y un intento de apropiarse de algo que es de todos. Disfrutad del fútbol.